Sobre Apocalipsis y vacas…

 

Cuántas veces he oído, aquello de “sólo te harán daño si tú permites que te lo hagan” y yo confieso que durante mucho tiempo pensé que claro, que decirlo es muy fácil, pero que lograrlo es prácticamente imposible y que los que enarbolan esta máxima como la solución a los problemas son unos idealistas con muchos pájaros en la cabeza…así de escéptica era, hasta que conocí una vaca…

Esta es la historia que me devolvió el poder:

“Un maestro samurai paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar.
Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de realizar visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias. Llegando al lugar constató la pobreza del sitio: los habitantes, una pareja y tres hijos, vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado; la casa, poco más que un cobertizo de madera…
Se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: “En este lugar donde no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen para sobrevivir? El señor respondió: “amigo mío, nosotros tenemos una vaca que da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.”
El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, se despidió y se fue. A mitad de camino, se volvió hacia su discípulo y le ordenó: “Busca la vaca, llévala al precipicio que hay allá enfrente y empújala por el barranco.”
El joven, espantado, miró al maestro y le respondió que la vaca era el único medio de subsistencia de aquella familia. El maestro permaneció en silencio y el discípulo cabizbajo fue a cumplir la orden.
Empujó la vaca por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante muchos años.
Un bello día, el joven agobiado por la culpa decidió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar. Quería confesar a la familia lo que había sucedido, pedirles perdón y ayudarlos.
Así lo hizo. A medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy bonito, árboles floridos, una bonita casa con un coche en la puerta y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y fue recibido por un hombre muy simpático.
El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años. El señor le respondió que seguían viviendo allí. Espantado, el joven entró corriendo en la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacia algunos años con el maestro.
Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaca): “¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?” El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaca que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que puedes ver ahora.”

Nos hacen daño cuando dejamos que el miedo nos domine. Cuando damos por reales los pensamientos apocalípticos que nos secuestran cuando nos critican, cuando nos abandonan, cuando las cosas no suceden como nosotros queremos que sucedan, es decir, cuando se nos muere la vaca. Y así pasa con todo. Nos hacen daño cuando nos critican porque tenemos miedo de que tengan razón, nos hacen daño cuando nos abandonan porque tenemos miedo de no ser capaces de salir adelante solos. Nos hacen daño cuando nos obligan a enfrentarnos a situaciones nuevas porque tenemos miedo de no ser capaces de sobrevivir a ellas…

Así me vi yo, me veo yo, sola delante de todo lo que representa una nueva vida, y con un menor, que ni siquiera tiene 3 años y todo lo que ello implica a nivel emocional, práctico y económico. Y como la vaca me hacía sentir segura, creía que era lo único que me mantenía a flote, pero te diré la verdad, perderla es exactamente lo que me hizo, me hace, me hará convertir mi vida en lo que tantas veces he deseado. Porque me hace más fuerte, porque me obliga a desarrollar toda mi imaginación, multiplicar mi creatividad, amplificar mis recursos y maximizar mis fortalezas. La necesidad hace desaparecer en mi, la vergüenza, los límites y las excusas, y son exactamente esas las herramientas que me permiten salir adelante, no solo para sobrevivir, si no para alcanzar un éxito que antes ni siquiera era capaz de soñar.

Por eso perder la vaca es mi salvación, y será la tuya. Por eso no tengas miedo, y si lo tienes hazlo con miedo. Yo lo tengo, no sabes cuánto, pero despedirme de aquella falsa seguridad me salva y me transforma. Soy más creativa, más capaz, y ahora más invencible, y sabes qué? Lo consigo y lo conseguiré, como lo harás tú, siempre, porque hasta que no suceda, la lucha no habrá terminado…y esa es la única forma de alcanzar los sueños. ¿Te lo vas a perder?