Especialmente si eres madre o padre y estás agotada/o…Encuentra aquí justo lo que necesitas¡

Mi pequeña revolución vital con patitas, es decir, mi hijo, está a punto de cumplir un año. ¡Sí, increíble, lo sé! Increíble lo rápido que pasa el tiempo y más increíble aún lo despacio que ha pasado a veces.

Tener un primer hijo es una experiencia sin igual, eso no es ninguna noticia. Es un reto absoluto, alucinante, divertido, emocionante, educativo, gratificante… y también muy ingrato. Agotador, desesperante, estresante, intenso. Y si no estás atento y con las ideas muy claras es posible que prestes más atención a la parte que da miedo y no valores en su justa medida la parte que hace que merezca la pena, a pesar de que al final, siempre la merece ¿o no?

Para mí, ha sido así, como para todas vosotras, no soy yo especial, y he tenido que recordarme con una frecuencia mucho mayor de lo que esperaba que lo positivo supera con creces a lo negativo.

Especialmente por la noche, mejor dicho, las noches, todas… Porque bueno, a mí me ha tocado un niño estupendo, simpático, despierto, inteligente y fabuloso, pero que no duerme… ni de día ni de noche le interesa dormir, así que se resiste de una forma alucinante a dormir, lo que incluye también que en la noche, una vez dormido, si se despierta aunque sea un poquito, no va a aceptar la idea de volver a dormir tranquilamente si no que reivindica su deseo de ponerse en modo fiesta a altos volúmenes, sea la hora que sea…. En pocas palabras, llevo un año sin dormir.

Tantas veces he querido morir, o venderlo, más, regalarlo al primero que lo quiera, drogarlo, drogarme, taparle la boca con cinta aislante, sacarlo al patio y dejarlo ahí, incluso, y esto no es fácil de admitir, he pensado en la oscuridad de una larguísima noche llena de llantos, que ser madre me quedaba grande y nunca debí haberlo hecho.

Pero todo esto seguro que os suena, si sois madres o padres claro… no digo nada nuevo. Pero quiero poner atención en algo un poco menos comentado porque de ahí, podemos sacar una importante lección.

La novedad es que ahora mi hijo duerme. Sí, su papá ha tenido un milagroso papel en todo ello pero no vienen al caso los detalles y no os quiero aburrir, el caso es que duerme, 365 días después de nacer, mi hijo empieza, tímidamente (tampoco tiremos las campanas al vuelo) a dormir 5 ó 6 horas seguidas, se despierta un poco y se vuelve a dormir con la ayuda de su papá, y lo más alucinante de todo es que incluso alguna vez, ha vuelto a dormirse él solito. ¿Y sabéis qué? Que después de un año rezando a todo lo rezable que ese niño durmiera más de 2 horas seguidas, ahora soy yo la que se despierta. Y me quedo despierta dando vueltas en la cama como una tonta, pensando en cuánto echo de menos tener a mi pequeño abrazado junto a mí, agarrado a mi pecho, y deseando que llegue la mañana, da igual la hora, para volver a verle con los ojos abiertos y poder darle el pecho aunque vea las estrellas de dolor. Echo de menos lo bonito que se veía tan gordito y tan suave a la luz de la lamparita. Echo de menos cómo me necesitaba y se agarraba a mí como si fuese su único lugar en el mundo, echo de menos la risa que me daba como movía sus piececitos mientras comía ¡ay mi niño, se me hace mayor!

Porque a todo nos acostumbramos en la vida. Esto es un ejemplo pero podría poner un millón más de situaciones horribles o desagradables a las que el ser humano es capaz de acostumbrarse. Acostumbrarse a sufrir y después echar de menos hasta el sufrimiento.

¿Y esto por qué pasa? Pues porque estamos programados, diseñados, para sobrevivir, tanto física como emocionalmente y tanto nuestro cerebro como nuestro cuerpo puede resistir hasta límites impensables. Y si hace falta acostumbrarse al dolor para sobrevivir, una se adapta, y esto es así.

Piénsalo, piénsalo la próxima vez que sientas que no puedes más, que vas a desfallecer, la próxima vez que te sientas desgraciada, incapaz. Recuerda que tu cuerpo y tu mente puede seguir, es un hecho, tanto si quieres como si no, y lo mejor que puedes hacer por ti misma es respirar y recordar que visto que lo tienes que vivir y que no hay salida, hacerlo de la forma más relajada posible es lo mejor que puedes hacer por ti misma.

Entonces respira, recuerda que no durará para siempre que toda situación tiene algo bueno que puede que un día eches de menos y que es justo eso lo que hace que la vida merezca siempre la pena, momentos difíciles incluidos.

Nunca dejes de vivir la vida plenamente, al máximo, con todo, para bien y no tan bien, cuando sube y cuando baja, es así porque así debe ser, porque así lo necesitas aunque no sepas aún el motivo, la vida es hermosa amigas ¡hasta cuando no puedes dormir!