RETO (sólo para gente lista): ¿Serías capaz de pasar siete días sin hablar mal de nadie?

Propone Jodorowsky un ejercicio para desarrollar la conciencia, y se trata de no hablar mal de nadie durante siete días, ¿cómo lo ves? Vamos a ver, cuando dedicas un tiempo X a hablar, es decir, a pensar mal sobre alguien, ¿cómo te sientes? Supongo que cabe la posibilidad de que disfrutes, de que tenga un efecto catártico y morbosamente placentero, pero debajo de esa emoción superficial, seguramente subyacen motivos oscurillos.

Realmente cuando disfrutamos hablando/criticando a alguien, estamos al final haciendo una comparación entre nosotros y la persona diana, de la que esperamos salir victoriosos, de la que esperamos salir beneficiados en nuestro ego. Así que ahí escondido detrás del rico critiqueo, algo de complejo o miedo a la inferioridad puede ser que exista. No sé, piénsalo tú que te conoces mejor que yo, pero a mí me da que es así, o se parece.

Así que según mi hipótesis (que es mía, pero me puedo equivocar, ahí espero tu opinión en los comentarios), también si disfrutamos un poco hablando mal del otro, bajo esa diversión, algo nos envenena un poquito la sangre. Por pura lógica, si hablo mal de alguien, es que me estoy fijando exclusivamente en las cosas más feas, o que más me desagradan, así que podemos deducir que lo que nos desagrada, provoca un efecto negativo sobre nuestras emociones.

Y si este rato que pasamos pensando feo de alguien nos ha dejado un regustillo algo antipático, entiendo yo que el ejercicio contrario puede dejarnos también la emoción contraria, es decir, bienestar. Esto que digo, ¿te parece que tiene sentido?

Puestos a elegir, personalmente me quedo con aquello que me proporciona emociones agradables. Yo creo, llamadme ilusa, que en un mundo donde predominasen las sensaciones bonitas, habría menos guerras. No creo que a uno que está contento y que no ha dedicado un segundo a envenenar su cabeza con malos pensamientos le apetezca ponerse a pelear con el vecino, ¿a vosotras os pasa? A mí no, me vuelvo mucho más beligerante cuando entro en la espiral de la comparación y la condena (si a ti te pasa lo contrario, por favor, no dejes de contármelo, quiero saber).

Como ejercicio de concienciación, para conocer cómo funcionamos con respecto al otro, para saber qué efecto tienen sobre nosotros ciertos hábitos y en qué medida afecta a nuestra vida diaria el espacio que dejamos a lo negativo, me parece excelente. Pero voy un poquito más allá, y me tiro a la piscina dando por hecho que pensar en positivo sobre nosotros y nuestra vida, así como pensar en positivo sobre quienes nos rodean es un buen hábito que hace bien a la salud, tanto física como mentalmente.

La propuesta pues, queda de la siguiente manera:

  • Pasar siete días si hablar mal de nadie, como dice Jodorowsky y justificado como acabamos de reflexionar.
  • Por cada adjetivo descalificativo/negativo que se te escape, (porque se te van a escapar, precisamente para que te hagas consciente de cómo, cuándo y cuánto acostumbras a hacerlo) debes responder con tres cualidades o adjetivos positivos de la persona en cuestión.
  • Y por último, y más importante, debes empezar una cuenta nueva cada vez que se te haya escapado una crítica. O sea, tres cualidades y además ponemos el cronómetro en cero.

El ejercicio de la psicología tiene mucho sentido como medio para cambiar malos hábitos de pensamiento por hábitos saludables, puesto que los hábitos saludables son lo que harán de tu vida un lugar feliz.

En mi opinión personal y bajo mis modestos conocimientos profesionales (siempre insuficientes, porque esto se aprende día a día gracias a vosotras que compartís conmigo vuestras cosas), esta práctica tiene grandes beneficios.

Aquí te dejo un buen hábito y una forma fácil de ejercitarlo. Ahí tienes la propuesta, su justificación y los efectos que puede causar en ti… el resto, como siempre, tú decides. ¿Qué? ¿Te animas? No se me ocurre mejor forma de empezar el año.