¿Y si mis vampiros viven conmigo o mucho más cerca de lo que quisiera? ¿qué hago?

 

¿Recordáis el “Manual contra vampiros emocionales”?, en él hablábamos de alejarnos de las personas que no nos aportan nada positivo sin remordimientos de conciencia ni demoras. Vosotras, muy atinadamente, me preguntabais qué se podía hacer cuando la persona con quien la convivencia es insoportable es alguien a quien no puedes renunciar o alejar. Y teníais razón, porque a veces hay personas que no puedes mantener a distancia por mucho que quieras porque las consecuencias son inabarcables para nosotras.

Quizás alejarte de tu madre, si es ella quién te hace daño, pudiera suponer por ejemplo, perder el apoyo del resto de la familia, la incomprensión de los hermanos que no se sienten igual que tú y con ello, los sobrinos, las reuniones, y las cosas hermosas que conlleva.

Quizás mandar a tu suegra al lugar que te gustaría, es algo impensable pues tu pareja no sabría asumirlo, no lo vive como tú, y no consigue entender cuál es tu problema al respecto, o no quieres que tus hijos pierdan a la abuela que sí es con ellos, por ejemplo. Ya decíamos que estas personas hacen un trabajo muy sutil, que a veces es sólo perceptible para quién lo sufre en su propia piel.

 

 

Una pone la balanza y no le salen las cuentas y justo ahí es donde se encuentra la mayor parte del malestar, en que no sólo esta persona te hace sentir mal en su presencia, si no que además, nadie más puede llegar a entenderlo con la soledad que esa sensación conlleva.

 

 

Esto pasa mucho y entiendo además desde la postura de quién lo ha vivido, que implica de verdad una carga muy pesada, pero no solo como profesional si no también desde la experiencia, me temo que hoy, quién esté deseando leer la fórmula milagrosa, no va a encontrar aquí lo que está buscando.

Ante este problema, lo que suele pasar es que esperamos el milagro. Que esa bruja malcarada, entienda el daño que hace y cambie su actitud, o que algún héroe o heroína escondido entre las sombras aparezca con su brillante armadura a dar la cara por nosotras en una tarde milagrosa que cambiará para siempre el curso de la historia. Nada de eso sucederá, porque esa otra persona, seguramente está encantada consigo misma y nunca tendrá la lucidez de entender, asumir o aceptar el efecto que causa en ti. Y si es consciente de ello, probablemente le parece completamente justificado a sus ojos. Por muy injusto que sea a nivel objetivo, todas tendemos a analizarnos a nosotras mismas como las “inocentes” de la situación, es puro instinto de supervivencia, lo que hace imposible una reflexión a nuestro favor que haga que cambie su forma de relacionarse con nosotras.

 

 

Lo que pasa es que aunque parezca increíble, ¡esto es una maravillosa noticia¡ Pues cuando no hay otra posibilidad más que asumir en nuestras manos la solución, estamos obligadas a dejar de ser pasivas y quejicosas en un continuo lamento a tomar postura activa, dueñas de nuestra propia vida.

 

 

No podemos cambiar la mente de nadie más que la nuestra, no podemos dirigir los pasos de nadie más que los de mis propios pies, no puedo pensar ni elegir por nadie más que por mi, y sólo si me limito a esperar cruzada de brazos que la situación se arregle ajena a mi esfuerzo es cuando voy a sufrir. Por el contrario, si estoy dispuesta a “hacer algo” con mis emociones y tomar el control sobre ellas, las posibilidades son infinitas.

Lo normal es que a nuestro alrededor lo que oigamos es el fastidioso “no dejes que te afecte”, pero cuando nosotras interpretamos eso como algo imposible, en realidad nos están aconsejando a poner en funcionamiento un montón de recursos que funcionan realmente, como el análisis objetivo de tu vida, el humor y el amor. Y si somos capaces de darnos la orden de llenar nuestra mente con otros mensajes tendremos espacio para acordarnos de que nuestra vida la componen una infinidad de matices alegres ajenos a su existencia.

Recordar que sólo puede hacerte daño si tú misma le das importancia a sus palabras, si te permites la duda de si puede tener razón, si olvidas que por mucho que los demás oigan su juicio, siguen a tu lado. Recordar que aunque tu pareja no quiera renunciar a su madre, no significa que no te haya elegido a ti, o que aunque tu madre sea cruel contigo, el mundo y tu vida no lo son, y que el hecho de que las palabras salgan de su glotis, no las dota de carácter de realidad irrefutable, y eres tú quien permites que en tu mente ocupen espacio y tiempo.

Tienes la opción de no dárselo, de pensar en otras cosas que existen en tu vida. Tienes la opción de “hacer oídos sordos”, echar los ojos al cielo y tomártelo con el humor y la calma que otorgan la superioridad de SABER (porque lo sabes) que está equivocada. Y no te quejes, no me digas que es difícil, nadie dijo que fuera fácil, pero ¿quieres hacer algo al respecto, o vas a limitarte a llorar escondida en un rincón? TÚ mandas sobre tus pensamientos, TÚ mandas sobre tus emociones, y sólo cuando eliges no hacerlo abres la puerta para que otros te hagan daño.

La responsabilidad sobre tu vida, tus sentimientos y tu felicidad ES TUYA, y debes asumirla como tal. Ser feliz implica ese esfuerzo, y aunque lo contrario también es tu derecho, esperar que sean otros los hagan por nosotros es de todo punto frustrante (¿y lo sabes¡), así que, tú eliges, quieres luchar por tu felicidad, ¿o vas a seguir esperando el milagro?