Porqué los superhéroes siempre están enfadados? El enojo tiene un poder embriagador

 

¿Alguna vez te has sentido realmente enfadado? De estas veces que tienes pensamientos que seguramente alguien ha recogido en el código penal, de estas que no puedes creerte lo que está pasando con lo evidente que es que tienes razón. ¿cómo es posible que no lo entienda? ¡Si tengo razón¡

¿Te ha pasado? A todos.

Que todos nos enfadamos es un hecho. Que no todos gestionamos esa emoción de la misma forma también.

¿Os suena eso de “es que no lo puedo evitar”? ¿sí?, claro, todos la hemos dicho alguna vez ante emociones que nos creemos incapaces de dominar, pero hay una especialmente intensa por dolorosa, EL ENFADO.

 

Hay quien se deja llevar por la ira, o se encierra en sí mismo, enrojece, enmudece o grita, otros mantienen irritantemente la calma, o simplemente se quedan bloqueados. Hay a quien se le pasa muy rápido o a quien le dura días, meses… ¡hasta años! Sólo una cosa diferencia a estas personas; la conciencia que tienen sobre sus propias sensaciones, y su poder para controlarlas.

 

Porque en realidad, a todos nos pasa lo mismo. La amígdala (no la que se cura comiendo helado, la otra que está en el cerebro..) y nuestro sistema límbico (otra partecita del cerebro que ahí está desde el inicio de los tiempos..) segregan unas hormonas (catecolaminas y adrenalina) que nos activan ante una amenaza, ya sea para atacar o huir. Estas hormonas pueden mantenerse en nuestro sistema por tiempo indefinido, eso depende de ti.

Para quien se deja llevar, puede durar días, o quién sabe cuánto tiempo durante el cuál, cualquier estímulo, puede ser interpretado como una provocación, sumándose a la carga hormonal que ya teníamos, en una escalada interminable hacia el desastre total.

Y aunque enfadarte te deja dolor de cabeza, taquicardia, aumento de la presión arterial, debilita el sistema inmunológico y una larga lista de etcéteras… el enfado es muy atractivo amigos, es euforizante, la sensación casi engancha. Hormonalmente activados, nos sentimos poderosos, invencibles, y nos sumimos en un monólogo interno donde nos damos motivos cada vez mejores para convencernos de lo acertado de nuestra actitud. El pensamiento se vuelve obsesivo, redundante, y así, alimentamos hasta el infinito y más allá, el enfado que nos apresa.

Enfadados, todos queremos “ganar”. Nuestros argumentos son poderosos, los mejores, incuestionables, evidentes, pero en una discusión todos estamos pensando lo mismo, “llevo razón”, y ni por un millón de dólares darías la victoria al que ves como oponente. Seamos claros, nadie está dispuesto a escuchar teniendo la cabeza como una olla a presión, por eso, en ese momento, no busques la victoria, mejor busca tu propia paz, ya vendrá el momento de hablar.

Nosotros controlamos nuestras emociones y no al revés, y para salir de la espiral desastrosa del enojo sin final, tenemos armas BUENAS, BONITAS Y GRATIS para combatirlo.

  • Reduce la activación física (échate una paseíto), enfriarás tus pensamientos.
  • Controla tu respiración, desactivarás tu organismo y dejarás de “necesitar” estar alerta ante amenazas imaginarias.
  • Alejándote del foco del problema ganarás la distancia apropiada para enfocar la situación desde otro punto de vista. Descubrirás que hiciste muy bien callándote lo que pensabas y esperando a que se calmaran las aguas. Rara vez lo que podemos decir en ese estado tiene efectos beneficiosos..
  • Distráete, no puedes estar enfadado si te lo estás pasando bien, es físicamente imposible, distráete y tus pensamientos pasarán de la tortura a la comprensión, y generando comprensión y empatía disminuimos los niveles de activación y empezamos a sentirnos mejor.

Mi tabla salvavidas cuando a mí me sucede es esta, esta es la frase que me recuerdo y repito como si no hubiera un mañana:

“ He decidido que no quiero tener razón, elijo ser feliz”

¿Y tú? No me digas que nunca te has sentido así de enojado. Cuéntame, ¿qué te funciona a ti para superarlo?