Llorar es sano…

 

Llorar está muy mal visto. Culturalmente hemos construido toda una leyenda negra sobre el acto de dejar caer lágrimas, logrando que algo tan natural y sano se convierta en un acto de debilidad, de cobardía, de enfermedad y peligro, cuando en realidad llorar es de las cosas más sanas que podemos hacer para curar nuestro cuerpo y mente cuando es necesario.

 

Dicen que es cosa de niñas y que los hombres no lloran, pero mienten, llorar es de humanos, grandes y pequeños, de chicas y de chicos, aunque una pequeña diferencia física crea una gran diferencia cultural. Los hombres lloran menos generalmente, pero no necesariamente con menos frecuencia, aunque sí probablemente en menos cantidad. Solo que esto no depende de la hombría o el valor, sino de un menor tamaño del lagrimal. Fíjate qué cosa tan tonta ha impedido a tantas generaciones de hombres hechos y derechos gozar de los múltiples beneficios de llorar, con lo bien que se queda el cuerpo.

Las lágrimas tienen muchas funciones y beneficios, tanto a nivel físico como emocional. Son necesarias para la limpieza y humedad de los ojos, y sin ellas, el ojo se secaría y tendría serios problemas, eliminan toxinas, bacterias y hacen de escudo protector contra posibles infecciones. Así que la próxima vez que sientas cierto escozor en tus ojos, déjalos llorar, deja que las lágrimas hagan su trabajo y notarás como poco después te sientes mejor.

Y me dirás que para eso solo hace falta lagrimear y que llorar es otra cosa, y tendrás razón, pero estos son solo algunos de los beneficios físicos, los más obvios, pero deja que te cuente, porque aún hay más.

Cuando lloramos, nuestro sistema endocrino —encargado de liberar las hormonas necesarias para cada ocasión— libera una gran cantidad de manganeso, culpable de la fatiga, la irritabilidad y la depresión, devolviendo los niveles a las medidas normales de bienestar. Además, se liberan las endorfinas responsables del “sentirse bien”, como la oxitocina, adrenalina y noradrenalina, haciendo desaparecer el estrés físico y evitando que se acumule a nivel emocional.

Seguro que ya has notado que después de una buena catarsis lacrimógena te inunda una impagable sensación de alivio, desahogo y esperanza… ¡Claro! Llorar desestresa, relaja la musculatura y consigue que en tu mente empiecen a generarse las respuestas que buscabas, las fuerzas necesarias para afrontar la situación que te hizo llorar y la confianza en que todo se arreglará. Y así pasa. Solo tú puedes impedir que llorar te haga sentir mejor, tú y el erróneo mensaje social de que llorar es malo.

 

Ningún otro recurso tiene todos esos efectos a la vez y a esa velocidad, sin moverte del sitio y además ¡gratis! Podrías ir al psiquiatra, al médico de familia o a la farmacia y provocar en tu cuerpo la misma sensación artificialmente y con quién sabe cuántos químicos extras que harán daño a tu organismo, pero ¿por qué hacerte eso a ti mismo pudiendo conseguir el mismo efecto de manera natural?

 

Así que la próxima vez que quieras llorar o veas a alguien hacerlo, no te asustes, no te preocupes, solo deja que suceda. Respeta la necesidad de tu cuerpo de liberarse del peso, de la presión, del miedo y la tensión. Deja que fluya, impedirlo solo aumentará la presión y dificultará la consecución del objetivo.

Llorar no es malo, es sano, es necesario, biológicamente obligatorio. Si fuese algo malo, el desarrollo natural de la especie humana ya lo habría borrado de entre nuestros recursos de supervivencia; sin embargo, ahí siguen estando las lágrimas para ser usadas nosécuántos siglos después del homo sapiens… por algo será… ¿no?