Hasta dónde crees que vas a poder llegar si no te cuidas?

 

A veces es necesario parar, si no paras tú, tu cuerpo lo hará por ti.

Nos olvidamos demasiado fácilmente de cuidar nuestro recipiente, como si este cuerpo que contiene nuestra vida no fuera importante o fuese inagotable, irrompible, invulnerable. Como si pudiese esperar para agotarse en un momento más adecuado, como si pudiésemos posponer su descanso para otro día en que no tenga nada que hacer y aprovechar siempre un poquito más, y otro poquito más.

 

Nos exprimimos sin pararnos a pensar que el ritmo quizás podemos seguirlo con la mente pero el cuerpo se puede estar desgastando y cuando te des cuenta, ya será un poquito tarde.

 

Por eso, no es que sea necesario parar a veces, si no que es necesario parar, con frecuencia, como parte de un plan organizado para optimizar nuestro trabajo, nuestro rendimiento y esfuerzo, o llega un momento en el que sin preguntar, colapsas y esa seguro que te pilla desprevenida.

Siento que es lo que ha podido pasarme a mí estos días… y por eso lo comparto con vosotras, me pongo como ejemplo para recordaros algo que, en realidad, ya sabéis de sobra.

Como ya todas sabéis estoy esperando un bebé, y esto me llena de ilusión en la misma medida en que me ha cargado de energía. Reconozco que establecí un plan de acción mental para aprovechar al máximo posible mi tiempo antes de verlo ocupado en “Otras cosas”. Para no desconectarme nunca de vosotras, para poder seguir trabajando, porque a fin de cuentas es mi pasión, y a nadie le apetece dejar de lado algo que ama tanto.

Tengo mucho trabajo, muchas personas a las que ver a la semana, mucho que escribir y estudiar y que lo he asumido con todo el placer del mundo porque me encanta, De modo que de alguna forma sutil e inconsciente he redoblado mi esfuerzo. Sin embargo, esta semana me ha pasado algo que nunca antes me había pasado.

Comencé el año algo griposa, pero estaba saliendo a base de fruta y buena dieta, cuidada, con calma. Aunque el domingo anterior tuve una alarma en mi garganta que sin embargo decidí ignorar, restarle importancia porque de todas formas tenía mucho trabajo que hacer y poco tiempo que perder. A mí el trabajo siempre me ha resultado terapéutico, y nunca, ningún dolor me había impedido atender a nadie, de hecho, cuando tengo a alguien delante de mí, me olvido como por arte de magia de mi propia vida o mi propio cuerpo y di por hecho que así sería esta vez, como siempre.

Pero no, y el jueves, por primera vez en mi vida, me vi obligada a suspender una cita a la mitad, con todo el bochorno y sentimiento de culpa que conllevó, pero sentí claramente que no era capaz de seguir, mi mente se iba a quién sabe donde. Y es que la fiebre me invadía más rápido que mi capacidad de frenarla.

Y así recaí en mi gripe, ahora más fuerte que la primera vez y acompañada de mi primera experiencia de migraña pasada a pelo, sin posibilidad de tomar nada que me hiciera más rápido o llevadero el trance. Una florida migraña con todos sus componentes que me gritaba desde el fondo de mi cabeza, “te pasaste, a ver si ahora te das cuenta de que tú también tienes que parar”.

Porque yo quiero cuidaros, a todas, a las que me leéis, a las que venís a verme, a cualquiera que me busca, porque hacerlo me da la vida, pero si no se cuida al cuidador, como puede el cuidador cuidar a nadie. Y este tonto trabalenguas que tantas veces recomiendo, se me olvidó recomendármelo a mí, ahora que lo necesito más que nunca. Y por eso mi cuerpo, se encargó de recordármelo justo como y cuando lo necesitaba.

 

Cuidarnos a nosotras mismas debe ser el primer mandamiento, la primera norma, el primer paso, siempre. Sin eso no podemos seguir, cómo podemos cuidar a nadie, cómo puedo dar lo mejor de mí si no empiezo por mí misma, si soy la primera en restar, para dar lo mejor que tengo debo tenerlo en óptimas condiciones, ¿no? Y para eso, tengo que estar bien.

 

Lección aprendida, y ahora puedo decir sin miedo que si algún lunes falto a la cita, aunque intentaré no hacerlo, será porque he tenido que parar. Nunca por desidia, sino todo lo contrario. Mi bebé se lo merece, desde luego, pero vosotras también, y por respeto a lo que hago. No puedo dejar de recordar, que parar es tan importante como seguir.