El escudo protector contra el odio

 

Alguna vez te has sentido rechazado?

Ojala que no, pero me da en la nariz que sí. De hecho, no sé, corrígeme si me equivoco por favor, pero creo que todos hemos sentido al menos alguna vez que no estamos simpáticos a alguien. Bueno eso en el mejor de los casos, por ser blandita y no empezar esto así a bocajarro. Pero la verdad es que muchos de nosotros, incluida tú, incluida yo, en algún momento nos hemos sentido rechazadas, y en el peor de los casos, hasta odiadas.

Y es una faena, porque duele como la muerte y te lo tienes que comer, así, en crudo, porque por mucho que quieras, no hay nada que puedas hacer al respecto.

 

El rechazo puede pasar casi inadvertido, esto sería la mejor de las situaciones, algo discreto, manejable con educación y disimulo, hasta sibilino es más deseable que frontal, porque cuando es frontal, se convierte en guerra. De esas que hacen un daño extremo, y que si no sabes manejarlo, pueden destruirte, a ti y a tu alrededor, al menos a los de tu alrededor que te quieren. Y entonces son las peores porque si ya es difícil que hagas tú algo con la tristeza que supone saber que no te soportan, imagínate lo que le duele a quién sí te quiere bien.

 

Imagínate una madre de un niño que sufre bulling. Es uno de los ejemplos más evidentes, cualquiera puede ponerse en el caso de esos familiares que tienen que saber que su hijo es mal-tratado sin motivo y que no pueden hacer nada o casi nada por evitarlo.

Pero ahora vete a un contexto adulto. Porque cuando se trata de la infancia y de analizar a los niños, nos parece más fácil verlo, pero ahora piensa en esas familias que acaban por destruirse por la incapacidad de gestionar los celos entre hermanos, las envidias, las odiosas comparaciones. Seguro que conoces algún caso de una ruptura familiar por una herencia….pues eso.

Los motivos por los que alguien puede rechazarte, son infinitos, y todos absolutamente todos, están fuera de tu control. Esa persona que te odia a lo mejor ve en ti algo que odia de sí mismo. A lo mejor ve en ti aquello que jamás verá en sí mismo. A lo mejor ve en ti algo que odia en alguien que odia. A lo mejor ve en ti algo que teme tanto que no puede soportar ni mirar. A lo mejor eres una amenaza a su estabilidad, a su seguridad, a su autoestima, porque le recuerdas lo que no es, ni jamás será.

Y cualquiera de esos motivos es real, o todos, pero da igual, porque indefectiblemente, todos son producto de una historia vital en la que no pintaste nada, o poco. De decepciones, de educaciones débiles, de autoestimas débiles, de contextos pobres emocionalmente, o de quién sabe qué situación traumática que les marcó para siempre.

Y si te conocieron un mal día, un día que había empezado horrible, o si viviste con ellos una situación tan fea que te asociaron con ella y ahora no consiguen romper esa asociación?. Y si un día sin saberlo hiciste algo que jamás imaginaste que iba a desencadenar en esto? Qué vas a hacer ahora? Pues ahora ya, no depende de ti, al punto que ha dejado de ser TU problema y se ha convertido en SU problema. Y ya no puedes hacer nada, aunque quieras. El perdón no está en tu mano, no depende de ti, está en el corazón del otro. La aceptación de la diversidad, de la imperfección de las personas, de los errores, propios y ajenos, están en la mente del otro, ya no en la tuya, y si no lo trabajan ellos, no hay nada que hacer. Si lo trabajaran sí, si deshicieran el nudo sí, pero no puedes hacerlo por ellos aunque esa sea la única forma de resolver ese odio. Aunque sólo ahí está la paz, la de todos.

 

Porque alguien que está seguro y tranquilo con quién es, alguien conforme con su conciencia, alguien que perdona y se perdona, que ama y se ama, alguien que se acepta, no odia, ni juzga ni condena. No lo necesita, nada en su autoestima está en riesgo al compararse con el otro. Convive con su imperfección en armonía, en paz, como una parte más del juego de ser.

 

Pero no es fácil, claro, encontrar personas con la suerte de quererse a sí mismas. Son pocas las personas que las ves que brillan, aunque intentes apagar su luz. Pero esas son las compañías de las que deberías rodearte, esa la persona en la que deberías convertirte.

Y tú, qué vas a hacer? Desaparecer? Volver atrás el tiempo? (si averiguas cómo, pago por ese secreto) Cambiar? Obligarte a ser peor para que no sientan celos? Envidia? Y aunque pudiéramos elegir esa opción (que no podemos) cómo saber qué es exactamente aquello que no les gusta de ti? Y si son demasiadas cosas? Y si supusiera perder por completo tu esencia, tu definición?..sabes qué sería eso? Anularte, desaparecer, pero no del mapa, si no de la cordura, de la salud, enajenarte, convertirte en otro que no puedes ser, que jamás conseguirás ser, porque eres quién eres, y eso sólo puede cambiar por voluntad intrínseca, es decir, propia. Nunca, jamás, funciona un cambio personal si es por el deseo o la necesidad de otro…ni aunque creas que lo deseas tú mismo desde lo más profundo de tu ser. Porque tu instinto, tu esencia, tu verdadero yo, es fiel y leal a tu bienestar, y por mucho que lucharas, te llevaría una y otra vez a la casilla de salida. Y vivirías, como ya viven muchas personas que lo intentan, en una frustración constante por no conseguir al final, ni ser felices ellos, ni hacer feliz a nadie.

Lo sé porque acaban todas viniendo a verme. Y es un dinero que no me gusta ganar, créeme, nadie sufre más que quien se pasa la vida luchando por ser feliz a través de la felicidad de otro. Pero sabes qué? Que así es la vida, que a veces pasa, que no puedes caerle bien a todos, que no puedes controlar ni elegir lo que otros piensan de ti o sienten por ti, y lo tienes que aceptar, porque no hay otra. Por que no aceptarlo es comprar tu desgracia, fracaso asegurado. Pero aceptar a vida así como es, es salud, éxito, armonía, equilibrio…qué decides?

Yo lo tengo claro, es mi única opción, esta soy yo, y no voy a pedir perdón¡