La genética de las madres son la verdadera fuente de inspiración de la Marvel

 

 

No quiero hacer una comparativa ni pretendo minusvalorar a los hombres o a las mujeres que no son madres, pero las mamás tenemos súper poderes.

De la misma forma que puedo admirar que una hormiga levante 8 veces su peso pero no desprecio a la ardilla por ejemplo si no lo puede hacer, me detengo a apreciar la fuerza materna sin despreciar en nada a quienes han decidido no tener hijos, también tienen lo suyo y quizás algún día me pare a escribir sobre ello, pero hoy me centro en nosotras (supongo que porque soy una de ellas) y alucino.

Desde hace como unos 5 meses no puedo evitar sentir admiración absoluta cuando me cruzo con otra madre, más aún las mamás múltiples. Y es que es verla, y pensar en un parto, y ya con eso me dan ganas de quitarme el sombrero y felicitarla de corazón, casi con lágrimas en los ojos. Pues ahora sé lo que han pasado y puedo apreciar el valor de sus sonrisas, cargadas de sueño, cansancio, miedos y a veces dudas y sin embargo fuertes, poderosas y felices, sin aprovechar su mérito para colgarse medallas.

 

Ajenas a su propio valor, a lo maravillosas que son, luchan con toda su energía, olvidando su propia vida y necesidades para volcarse 100% en hacer felices a sus familias.

 

 Y no sólo esto, acumulan más súper poderes increíbles las mamás: como esa capacidad de aguantar y superar el dolor, con un umbral tan alto que acaba por situarse en un plano fuera de la conciencia, pues no habría otra forma de manejarlo. Parecido a esa fuerza impresionante de las hormigas, una mujer puede superar incluso elegir voluntariamente sufrir ese dolor como precio innegociable para dar vida. Darla y mantenerla, que no es poco. Bravo por ellas, bravo por nosotras. Sólo el instinto de supervivencia, el instinto de la vida, puede hacer posible ese milagro.

Y más aún, ¡nada iguala el arte materno de mantener 15 platillos en el aire y que no se le caiga ninguno! Sólo una mamá tiene el súper poder de hacer tropecientas cosas a la vez y hacerlas bien. Me he visto a mi misma haciendo croquetas con una mano y durmiendo a mi bebé con la otra, y encima las croquetas me salieron como a mi abuela… de estrella Michelín. 20 brazos para 20 cosas, bien hechas, importantes o no, que dependen de nosotras y que sólo nosotras podemos hacer tan bien como lo hacemos.

Y qué decir de nuestra mente privilegiada. Una súpermente que deja a los ordenadores de la NASA en simples cablecillos enredados… Administradoras, arquitectas, planificadoras, previsoras, inventoras, resolutivas y todo lo que se os ocurra si la necesidad obliga, convirtiéndonos en costureras, pintoras, artistas, cocineras o entrenadoras como distintas súper personalidades intercambiables. Capaces de ponernos un traje u otro combinado, planchadito y diseñado exactamente a nuestra medida, tanto que ni se nota el esfuerzo, como si lo lleváramos puesto de toda la vida.

Y sin embargo nada es comparable al poder supremo de transmitir y llenar el espacio de felicidad completa y generosa sólo por existir, sólo por estar en familia, este ésta compuesto por quien esté, amigos, hijos, parejas, padres o hermanos, con una mamá cerca, todo puede volverse perfecto, porque perfecta es nuestra ingeniería. No es nuestra culpa, como diría Jessica Rabbit, es que fuimos diseñadas así.

 

Y nada es menos necesario que ser perfecta, que cumplir con exactitud cada uno de los roles que nos tocan, en nuestros propios fallos reside el mayor de los súper poderes, en el cómo superamos miedos y complejos para seguir adelante a pesar de todo, cargadas de sonrisas y momentos felices.

 

 

No estamos obligadas a ser súper heroínas, y sin embargo lo somos. Y no necesitamos más esfuerzo del que ya hacemos para perfeccionar nuestro trabajo en casa y fuera de ella más de lo que ya es, porque estamos cargadas de mérito y merecemos todas y cada una de esas medallas por ser capaces de todo lo que hacemos. Y está bien, estamos bien así como somos, nuestros poderes no residen en la perfección si no en nuestra sonrisa. Habilidosas o no, cocineras, microonderas, apañadas, torpes, guapas, menos guapas, delgadas, carnosas, listas o despistadas, la magia la llevas dentro, de serie, te pertenece, sin esfuerzos, es tuya.

Mírate al espejo y disfruta del reflejo que te devuelve, reconócete, observa y valora cada súper poder, sea cual sea el que más te identifique, porque lo mereces. Tú vida, así como es, es la mejor de las vidas posibles sólo si tú lo deseas..sólo si eres capaz de colgarte esas medallas que son tuyas… Felicidades mamá¡