Desmitificando la tristeza

 

Esta semana ha sido un poco difícil para mí… Bueno, seré honesta, porque otra cosa sería absurda, y os diré que ha sido bastante triste. No me sentía con ganas yo de hacer mucho más allá de las obligaciones ineludibles, y las afronté con ganas y mucha fuerza, pero dentro de mí y cuando el silencio era mi compañía, la tristeza volvía a salir de su refugio. Sí, estaba muy triste.

De estas veces que tienes ganas de llorar, de salir corriendo, de esconderte en un agujero oscuro y silencioso, de desaparecer, de que todo termine, de salir corriendo a los brazos de mamá… Vamos, el pack completo, ¿os ha pasado? No me digáis que no…. Total, que así de esta guisa tenía yo que enfrentarme al post semanal, y me devanaba el cerebro buscando un tema sobre la felicidad, cuando dentro de mí no estaba, y entonces me acordé de aquello que decía el Banco Mundial de la Felicidad sobre que es recomendable un 10% de tristeza en la vida de una persona y por fin, recuperé el equilibrio.

 

 

Lo sabía pero no lo recordaba (como suele pasar cada vez que las emociones se atropellan sin control en nuestro cerebro..). Ser feliz no es morirte de la risa cada 10 minutos, ni siquiera sentirte permanentemente bien, en equilibrio contigo misma y con el universo, ser feliz también es permitirte ser débil de vez en cuando, estar triste de vez en cuando, temblar, dudar, temer, en suma, ser humana. Porque es lo que nos van a enseñar, y nos enseñan una y otra vez los contrastes de la vida, a valorar los momentos buenos, la felicidad total.

 

 

Imagínate que la vida fuese siempre un remanso de paz, no sólo sería aburrida, si no que carecería de sustancia, de interés, de motor, porque son los momentos tristes, duros, o difíciles los que nos impulsan hacia adelante, a seguir creciendo, aprendiendo y mejorando..A ver, por ejemplo, alguna vez has visto una serie, libro o película en la que todo vaya bien de principio a fin, ¡NUNCA¡ ¿Por qué? Porque no tendría interés. Lo que nos mueve es la superación, el conflicto, descubrir cómo reaccionamos ante diferentes situaciones para al final, hacernos conscientes de que somos siempre más fuertes de lo que pensamos… Las emociones, también las negativas, tienen una función fundamental en nuestro desarrollo como seres humanos, y da igual la edad, el lugar, el sexo, todos, absolutamente todos, necesitamos estar mal, para poder estar bien.

Recordar que mi tristeza debía fluir, moverse, darse un paseo por mi cerebro y hasta sentarse a tomar un té de neuronas si era necesario, es lo que me salvó esta vez.

Porque cuando las emociones negativas descubren que no tienen nada contra lo que luchar se van aburridas… Así sucede, a veces hay que dejarlas fluir, dejarlas ser, sentirlas, así es como acaban debilitándose y se van. Obvio no hablo de meses, hablo de ratos, de horas, quizás de unos días…nada más ( si supera esos límites entonces estamos hablando de otra cosa, y es mejor que visites a un especialista antes de que se eternice).

Ellas existen por un motivo, tienen su función. Igual que el miedo te prepara para defenderte o huir en una situación de riesgo, la tristeza te hace mirarte hacia adentro, reflexionar sobre lo que quieres o no quieres, sobre lo que haces o dejas de hacer, o sobre lo que no sabías que debías cambiar de tu vida. Y eso es sano amigas, muy sano. Además de catártico, por cierto…

 

 

Si conviertes esa emoción en una lucha a muerte contra ella, tu miedo se hará más fuerte, porque se alimenta de ello, pero si la dejas fluir, hará su función y luego desaparecerá, cuando haya terminado su trabajo.

 

 

Así que no te preocupes, no pasa nada si tienes un mal día o una mala semana, no te asustes, eso no es depresión, eso es un mal momento. ¡Está permitido estar (que no ser…) triste! porque la tristeza es una emoción normal, humana, y eso es lo que somos, humanos..o no?, Si te creyeras un pájaro , intentarías volar y sería un desastre, pero como eres persona, déjate ser que es mucho más reconfortante. Pero recuerda, lo único importante aquí es no dejarse vencer, no permitir que se eternice, que se enquiste, no dejarte a su merced sin límite, porque siempre eres tú quien manda… ¡No te olvides¡ De ti dependen tus pensamientos, y como pienses sentirás.