La triste historia del quiero y no puedo

 

Expectativa: esperanza, sueño o ilusión de realizar o cumplir un determinado propósito.

Vivimos en un mundo exigente y competitivo, donde ser mediocre parece un insulto en vez de una definición de normalidad. Tenemos que ser siempre más perfectos, como empleados, como padres, como hijos, como parejas, pero, las expectativas, ¿son sanas? ¿Nos permiten ser felices? Tengo mis dudas..

Y es que depende de cuán consciente seas de ellas y cuánto exigente seas contigo, que las expectativas se convierten en lastres o en simples perspectivas de futuro. Detectar a tiempo cuándo las expectativas nos están jugando una mala pasada, es un buen antídoto, pero tenemos que conocerlas primero.

 

Las más importantes son las que tienes sobre ti mism@. Sobre tu vida, tu trabajo, tu casa, tu sueldo… Ese esquema privado, exigente y perturbador que te dice quién deberías ser por encima de quién eres.

 

Diseñamos nuestro futuro con toda la información recolectada a través de los años acerca de lo que es ser bueno o malo. Y damos pasos coherentes con ese esquema de vida que deseamos (éxito, triunfo, paz, equilibrio), con los planes o sueños que tejimos desde niñ@s (familia, negocios, dinero), y con lo que la sociedad, familia y amigos nos dijeron o nos dicen que tenemos que ser para entrar en el “club” (simpátic@, cult@, guap@).

Entonces cada defecto, o lo que tú llamas defecto (que eso habría que analizarlo detalladamente), supone un fracaso estrepitoso ante tu propio juicio, porque te coloca en lo más bajo de la lista de “personas admirables”.

Y te castigas sólo porque tu negocio aún no te hizo millonario, porque a veces discutes con tu pareja, o tus hijos no han salido modalidad “infantes de cuento”. Nos han vendido que el éxito arrollador es el objetivo, y no puedes perdonarte el no haberlo conseguido a tus treintaycachos. Desde luego qué desgracia… ¿cómo has podido?… Pero deberías saber primero que quien tú visualizas como exitoso, también tiene sus propios problemas, sus propias expectativas, y quizás esa persona te ve a ti como exitosa, precisamente porque tienes algo de lo que carece..

Luego están las expectativas que creas sobre los demás. Tu pareja, tu familia, tus amig@s ideales. Y construyes tu castillo en el aire a juego con ese sueño, sin pensar, que se puede derrumbar al primer soplido, porque no lo construiste con base sólida si no imaginaria… Tú, que te agarras a cualquier dato por mínimo que sea, para dar por hecho cualidades que necesitas que esa persona tenga para que como  deseas, sea perfecta para ti, según tú. Para que encaje, en definitiva, con tus expectativas..

“Como cuando conoces a esa persona ideal y recibe una llamada de mamá.Y das por hecho que es una persona familiar, y que por eso será estable, responsable. Y seguro que será protector/a y  con ello acabarán todos tus problemas porque alguien así sólo puede ser madur@ y eso es justo lo que necesitas

Luego descubres que la llamada de su mamá era para comer, porque aún vive con ella, porque no ha querido/sabido independizarse, y ha tenido tantas novi@s que ha decidido que como su mamá ninguna…”.Y resulta que te enganchaste a tu propio sueño antes siquiera de despertar…

Tener éxito, significa ser feliz con lo que tienes y eres, marcándote metas que encajen con tus criterios, no con los del vecino.

Que además a ti sólo te va a enseñar la mejor de sus caras, porque los demonios nos los guardamos para nosotr@s solit@s… Por eso compararte es ponerte injustamente en una posición inferior cuando realmente te falta demasiada información como para hacer una evaluación objetiva.

 

Cuando las expectativas no son tuyas o son poco realistas, cuando te invaden sin control, crean un mundo lejos de nuestra realidad al que por mucho que estiremos los brazos no conseguimos llegar. Arrastrar la meta inalcanzable de ser quien no eres es pesado, frustrante, agotador y deprimente.

 

Ahora, puedes agarrarte con uñas y dientes a tu vida ideal, a tu autoexigencia, y sufrir con la frustración que puede generarte, o puedes empezar a disfrutar de quién eres, ser amable contigo, amarte con compasión y comprensión. Ajustar tus expectativas a lo que es real, posible, alcanzable y razonable. Nutrir tu vida con la satisfacción por la meta superada, generando así más fuerza para seguir adelante.. O puedes condenarte a vivir una vida ficticia, forzada, frustrada, que te hará sufrir con seguridad, porque ninguna vida lejos de ti mismo puede hacerte feliz.

¿Alguna vez te has comprado un pantalón demasiado ajustado diciéndote a ti misma “así me tengo que poner a dieta, dentro de un mes, estaré estupenda…?” piénsalo, ¿qué sentías cada vez que encontrabas ese mismo pantalón revuelto en los abismos de tu armario? Pues eso…

Foto del genial Antonio Navarro Wijkmark, que es de lo mejor¡¡¡ Altamente recomendable para ser feliz, darse un paseo por su página o su facebook… Os vais a echar unas risas… ¡Garantizado!