Y qué tal lo bien que se nos da juntar problemas cuando algo, solo una cosita se nos tuerce? Basta un tropiezo para que echemos todo a la olla y hagamos un gazpachito mental de desastres… Pero porqué lo hacemos? Qué hábiles podemos llegar a ser cocinando esos amargos gazpachos emocionales sin ingrediente ninguno eh… A que sí?

Me refiero al ejercicio de juntar todas las posibilidades más negras de futuro a raíz de un solo problema real y actual. Seguro que te identificas, seguro que en algún momento, has practicado esa nefasta receta que junta problemas inexistentes y los tritura sin piedad. Básicamente catastróficas perspectivas de futuro y con pocas posibilidades de llegar a convertirse en realidad presente, simplemente porque un aspecto, el que sea, de nuestra vida se tuerce.

Por ejemplo:

Que un día tu jefe te “regaña” porque algo en el trabajo no ha salido como esperabas, qué haces tú?

Pelearte con tu novio/amiga/hermano, porque no te apoya exactamente como necesitabas, (un tomatito para el gazpacho…) y contarte que es que además tienes una pareja/amiga/familia que no te quiere…

Así empezarás el diálogo interno sobre la mala suerte que tienes en el amor/familia/vida, porque quizás no te mereces otra cosa (y otro tomate más…) porque quizás eres tú, que eres un desastre y no mereces amor (más tomateeeee), o porque quizás la vida es una m***** y da asco…

Y entonces llegas a tu casa, y vas a contárselo a tu madre/pareja/gato y pasa un poco de ti porque se le está quemando la tortilla, y claro, qué haces tú? (Pepino, pimiento, pan duro….) esperar a que solucione la cena? Quizás sí, pero pensando que desde luego no le importas porque si le importaras no prestaría más atención a una tortilla que a tus problemas, o quizás ni siquiera esperarías y te irías dando un portazo o con las orejas gachas porque ni siquiera lo vas a intentar porque no le importas más que unas patatas en una sartén, porque todo te va mal (aceitito, vinagrito, un poquito de sal…) y no sólo eres nefasta en tu trabajo, si no que nadie te quiere, ni te van a querer porque una tortilla es más importante que tú para cualquiera, porque no eres perfecta…

Entonces es cuando te metes en la cama y no quieres volver a salir, porque todo te va mal, y no va a mejorar, porque son demasiadas cosas, y te ves incapaz de salir de ésta. Cómo sobrevivir si nadie me quiere, si no valgo para nada, si mi vida va a ser así hasta que me muera? (el gazpachito fresquito, no te olvides de meterlo en la nevera un buen rato..)

Te suena? Alguna vez has cocinado algo parecido?

Dos opciones, pongo orden y control sobre mis pensamientos, atiendo al discurso que haría la adulta que llevo dentro y reconduzco la situación, y salgo adelante.

O me concentro concienzudamente en mi discurso apocalíptico, doy toda la credibilidad a esos pensamientos producto del secuestro emocional propio de una situación puntual de fracaso o estrés y me creo firmemente que nada tiene solución, dejo a la niña asustada que vive dentro de mi tomar las riendas de mi vida, me acurruco bajo el edredón, y opto por encontrar la fórmula para no levantarme más…y de ahí a deprimirte, un saltito de nada.

Qué pasa? Que claro, si me va mal en un aspecto y yo me empeño activamente en convencerme de que no me va mal una cosa si no en todas, el resultado emocional será ese gazpacho amargo de sinsabores que me pueden llevar de forma más pasajera o estable a un estado anímico desagradable, y sobretodo, innecesario.

Todos somos seres habitados, muy habitados, pero con dos protagonistas que se van turnando tu niño y tu adulto. Del trauma infantil no nos libra nadie, por muy bien que lo hayan hecho nuestros padres, por muy buena infancia que hayamos vivido. Si la infancia fue dura, porque lo fue, si tu infancia fue bonita, entonces porque no fue difícil y no tuvimos la oportunidad de endurecernos…

De esta manera adulto y niño van buscando su protagonismo a codazos, a empujones y zancadillas, haciéndose responsables de tus momentos de control o descontrol. Los más afortunados aprenden a reconocerlo, a darse cuenta antes de encontrarle el gusto al escondite de la cama y llamar al adulto para que ponga orden. Los menos afortunados, ni siquiera saben que les está pasando, que esos pensamientos apocalípticos salen del miedo que tiene esa niña o niño a afrontar la vida para la que no siempre nos sentimos preparados y se quedan ahí hasta que la vida, en su devenir, vuelva a poner las circunstancias a favor.

Del secuestro no se libra nadie, porque todos somos humanos y tenemos derecho al miedo, y hasta a perder el control por un tiempo indefinido, caer en el terror y las perspectivas más oscuras. Eso no importa, será si quieres, una ocasión para aprender lo que la vida quiere enseñarte.

Lo que sí es importante es no quedarte a vivir ahí demasiado tiempo, bajo la cama, escondido en tu mente infantil. Porque la madurez y el desarrollo del niño al adulto se sucede porque es el único camino que puede llevarte de vuelta a la felicidad para la que estamos en este mundo, de vuelta al lugar feliz donde todo comienza, antes de que la sociedad, la cultura incluso la educación nos llene la mente de miedo, de retos, de dificultades. A ese lugar feliz donde sólo sentimos, vivimos y gracias a ello disfrutamos.

Pon orden, aprende a convivir con ambas versiones de ti y a llamar a la adecuada en cada ocasión, porque ser niños cuando toca es una hermosa opción, igual que ser adulto. Lo que no está permitido es llamar a la versión equivocada pudiendo evitarlo y culpar a la suerte de ello.

Sólo tú mandas, sólo tú decides, no te olvides, no eres víctima, si no el dueño de tu destino. Elige bien tu dieta de pensamientos, porque somos lo que pensamos y el gazpacho, vegetal mejor que mental¡