La historia de un miedo convertido en recurso¡

 

 

Podría decir que lo que voy a contar empezó hace menos de un mes pero la verdad es que empezó hace tantos años que casi no lo puedo calcular.

Siempre he tenido mis miedos, mis complejos, como todos, ¿no? Pero para cada uno, los propios son los más grandes, los más difíciles y esta es la historia de mi lucha contra él. Y es tan complicado para mí, que no se ni por donde empezar.

Resulta que mi herencia genética ha sido generosa conmigo, he tenido suerte, desde luego no me puedo quejar pero digamos que cada uno se observa con el ojo más crítico, y que es habitual desear precisamente lo contrario a lo que se tiene, ¿os ha pasado? Bueno pues para mí, el problema estaba en mis pechos.

Claro, estamos hablando de 14, 15 años… en adelante, una edad muy complicada en la que todo te parece un mundo, y para mí lo era y ha extendido sus siniestras ramas hasta hoy. En aquella época, los recursos eran múltiples, usaba las camisetas de mis hermanos, encorvaba la espalda para esconderme, y desde luego controlaba mi estilismo al máximo para asegurarme de no resultar sexy, atractiva, y sobre todo provocativa.

Con los años he descubierto cuán tonta era, pues ninguno de mis trucos sirvió de nada. Las camisetas de mis hermanos me trajeron múltiples motes en el instituto, por ejemplo “Mari Campanas” (de esto me enteré como 15 años después), en alusión al relieve que ocasionaba una camiseta anchísima sobre mis abultados pectorales, vamos que más que distraer la atención, ¡la llamaba!

Encorvarme sobre mí misma, sólo me trajo serios problemas de espalda (oye, que esto pesa, ¿qué te crees?). Y mis conflictos estilísticos sólo me han traído quebraderos de cabeza, porque resultados pocos, total, de todas formas una mujer con pecho grande, acaba acostumbrándose a que saluden antes a las “tetas” que a los ojos… con escote o sin él.

Así siguen pasando los años, entre soñar con una operación que elimine mi problema y el poderoso deseo de aceptarme como soy y dejar de esconderme. Y de esta guisa llegamos a enero del 2014.

No sé si alguna vez os he contado que mi chico canta (entre otras cosas…), y desde el mismo día que lo encontré, anida con fuerza dentro de mí la total confianza en él como artista (como persona y pareja no hace falta que lo diga ¿no?), siempre le he apoyado en todo lo que ha surgido, que han sido muchas aventuras, divertidas todas, y esta vez no iba a ser diferente.

Así que cuando el estudio de grabación profesional Imagina Estudio, le ofrece la oportunidad de grabar un vídeo clip para su proyecto musical, (lo que suponía además la realización de un sueño largamente atesorado..),me apunté la primera.

Me apunté porque me encanta meterme en esas cosas, porque sé que soy una gran organizadora, porque no teníamos presupuesto para contratar a nadie, y sobre todo porque creo tanto tanto en su talento que ni se me ocurrió otra posibilidad, ¿cómo no iba a ayudarle yo?, pues allá que fui…

La historia giraba alrededor de un baño, el nuestro, y de una fiesta, la que se monta cuando empiezan a sonar las canciones de The Buonamico’s Band. Buscamos chicas, guapas, divertidas y sin miedo a la cámara (¡GRACIAS A TODAS! sois lo mejor de lo mejor) y empezamos a repartir roles… para que cada una supiera bien lo que tendría que hacer. Y como creo que era inevitable, llegamos al rol hiper-sexy… alguien tenía que hacerlo, y Marco y yo cruzamos una mirada silenciosa, y ahí los dos lo supimos. Ese rol sólo podía hacerlo yo.

Por 2 motivos. Uno, no éramos capaces de pedírselo a nadie (más teniendo en cuenta que las chicas participarían de forma voluntaria y altruista), y dos porque hombre, si alguien tenía que ponerse sexy con mi pareja, ¿quién mejor que yo? Y así es como acabé vestida de gata-sado con esclavo incluido… desde luego la máscara y mi amistad con el susodicho “esclavo” me ayudaron mucho muchísimo a meterme en el papel.

La verdad es que fue todo tan rápido que ni de pensar tuve tiempo y mejor así, a lo mejor no me hubiera atrevido. Y llegó el día, llegaron las chicas, llegó el equipo, estaba todo preparado y nos lanzamos a la piscina, cada una con sus miedos, sus vergüenzas y sus propias historias, y casi sin darnos cuenta, habíamos terminado. Sólo cuando todo había pasado, empecé a pensar… y después a temblar.

Me di cuenta sorprendida de que exponerme de esa forma no me resultó tan difícil, de que me resultó muy divertido, y de que quizás no era tan grave, nadie tuvo ninguna reacción que me hiciera sentir incómoda como yo temía dentro de mí. Una maravillosa inconsciencia me había llevado a esta situación que en realidad no había calculado y me ponía en bandeja de plata la superación de mi más antiguo terror: resultar provocativa. Porque arrepentirme ya no tenía sentido, porque la vergüenza radicaba en mi complejo, y el miedo en una falta de confianza en mí misma, que estoy decidida a erradicar de mi vida.

Y ahora os digo la verdad, descubrí que mi miedo no estaba detrás de mi cuerpo, sino de la opinión de los demás, la vuestra.

Para ser justos, primero fueron mis padres y mi suegra, pero una vez confirmamos que les gustó el resultado, (primer escollo superado)…ufff….¡alivio! Y conforme fueron pasando los días y se acercaba el momento de hacer público lo que habíamos hecho, mi preocupación erais vosotras, las personas que me leéis, las personas que confían en mí profesionalmente. Me daba terror pensar que mi imagen se viera ensuciada, que no se entendiera que sólo es una fiesta, algo divertido que todas aprovechamos para actuar detrás de la máscara: Me aterraba que creara rechazo y al final, siempre el mismo pensamiento acudía a mi mente…”si lo he hecho por voluntad propia, me he divertido y lo he hecho bien, estos pensamientos negativos están sólo en mi mente”.

Y más aún, si yo misma no os muestro mi humanidad, mis monstruos y cómo les hago frente, ¿cómo puedo pediros a vosotras, que ataquéis, que luchéis, que seáis fuertes y os queráis como sois?

Teniendo la posibilidad de predicar con el ejemplo, de superar mis miedos y complejos y aprehender de una vez por todas, a no hacer caso de las opiniones y críticas (a menos que sean constructivas), no podía desperdiciar la ocasión, para volver a esconderme de nuevo, a refugiarme en mi zona de confort, y seguir huyendo, quizás eternamente.

Así que aquí os dejo el resultado con Making off y todo. Con mi mente limpia, mi conciencia en paz, y sintiendo que hago coherentes ahora sí, más que nunca, mi vida y mi persona. Espero que os guste, de veras, pero si no es así. Esta vez me expongo, esta es mi vida, esta soy yo. Y no puedo enseñar a nadie a ser feliz, si no acepto también que no puedo gustar a todos.