O cómo convertirte en tu propio Oráculo…

Cuántas veces en la vida desearíamos tener a mano al oráculo de la razón, ese que nos de la respuesta adecuada a cada pregunta, que nos diga exactamente qué y cómo deberíamos hacer tal o cuál cosa para no equivocarnos, para conseguir los resultados esperados. Seguro que lo habéis deseado mil veces, apuesto lo que queráis… Lo sé porque me ha pasado, claro, y porque en consulta es una pregunta que escucho continuamente, ¿qué debo hacer? Qué es lo correcto?

Encuentro caras de decepción cuando lamentablemente tengo que romper esa ilusión y responder que no sólo no puedo ni debo responder a eso, sino que no puedo saber cuál es la respuesta correcta a algo que solamente puede saber quien lo está viviendo.

Imagina que tuviese la osadía de ofrecer una respuesta a esa persona que estando en una situación de total debilidad está dispuesta a aceptar como ley cualquier cosa que yo le diga. Imagínate qué desastre podría crear diciéndole lo que tiene que hacer sin conocer exactamente las razones, circunstancias y motivos que llevan a esa persona a hacer esa consulta. Cuánto daño podría hacer ignorando tanta información y orientando igualmente en la dirección que a mí, con mis razones, circunstancias y motivos, me parezca adecuada. Adecuada para mí, pero yo soy yo, y por mucho que pueda conocer a la persona que me consulta nunca seré ella, así que ¿con qué derecho podría permitirme el lujo de opinar y direccionar?

Mi trabajo consiste en ayudarte a encontrar tu camino, e incluso teniendo una opinión (subrayo: opinión) clarísima meridiana sobre qué haría yo, mi deber es esperar y acompañar en el camino del descubrimiento. Con acierto o con error, tus decisiones te guiarán hacia el destino deseado, pero sólo las tuyas, jamás las mías. Y no sólo porque cada uno debe dibujar su camino, si no porque ¿yo qué puedo saber sobre cuál es la decisión adecuada para otra persona?

 

La buena noticia es que sí existe una respuesta correcta, aunque en un primer momento puede crear confusión y desilusión: Haz exactamente aquello que te haga sentirte bien, aquello que te de paz, alivio. Dejando fuera el miedo, el qué dirán, el ruido social, cultural y familiar que resuena en tu cerebro, olvidando lo que has leído, oído y pensado, y dejando que decida tu instinto, tus sensaciones, lo que desata ese nudo que tienes en el estómago.

 

Sé que no es fácil escuchar el instinto cuando no nos han enseñado (para eso estamos los profesionales, para enseñar a quien lo desea…), cuando estamos acostumbrados a pensar, a escuchar a todos y tomar decisiones siguiendo consejos, bienintencionados todos, pero que vienen de otra persona que no está viviendo tu vida, que no viste tus zapatos, ni se levanta de tu cama por las mañanas.

Sólo tú estás contigo a todas horas, en todo momento, nadie mejor que tú puede saber qué es lo mejor para ti, por eso sólo tú puedes tomar la mejor decisión. No tengas miedo a equivocarte, si fallas una vez y aprendes, no querrás repetir el error, así que será justo ese el aprendizaje que necesitabas. Y si tomas la decisión sea cual sea, atendiendo exclusivamente a tu necesidad, y siguiendo fielmente tus sensaciones nunca podrás equivocarte, porque estarás dándote el respeto que necesitas en ese preciso momento, y la oportunidad de comprobar por ti misma aquello que necesitas saber.

Así que no confíes en las decisiones de otros, no atiendas sin criterio los consejos de quien no vive tu vida, porque sólo podrás obtener entonces los resultados adecuados para ellos, según sus vidas, con sus circunstancias, características, personalidades, con sus familias, sus casas, sus trabajos, sus cuerpos… pero no para ti, a menos que seas su clon…

Confía en ti, en las voces que suenan en tu estómago. Aprende a escuchar tus emociones, tus sensaciones. Reconcíliate con tu instinto que es el único que atiende exclusivamente a tus intereses y pierde el miedo, abandónalo, guárdalo bajo llave, él sólo creará interferencias en esa comunicación íntima e interna que sólo puedes escuchar tú.

Tú misma eres tu mejor oráculo, cree, confía, ámate, sólo tú estarás contigo el resto de tu vida, y ¿quién puede saber mejor que tú, cuál es la decisión correcta?