“Cómo las necesidades económicas plantan cara a tus hormonas”

Seguro que habéis oído esa expresión alguna vez, ¿verdad? Este proverbio hace alusión a la escasa necesidad que tienen los “amantes de estreno” por las necesidades terrenales, como comer por poner el ejemplo que viene al caso…

No es sólo una expresión, ni un recurso literario, ni siquiera es un arma “Disney” para convencernos de cuán bello es el amor. Sino una realidad biológica basada en la feniletilamina, hormona que nos da sensación de saciedad e insomnio, que nos hace sentir incombustibles, y que se produce, precisamente, en los estadios tempranos del enamoramiento.

Todos sabemos ya, que en esos momentos, no sólo no nos hace falta comer, si no que no nos hace ninguna falta el resto del mundo más allá de nuestro AMOR (porque si no lo vivimos en letras mayúsculas en los comienzos, ¿cuándo lo haremos?). Y como ya hemos visto otras veces, estas maravillosas sensaciones, son producto del gazpachillo hormonal que nos provoca el descubrimiento del ser amado. Precioso, emocionante, saciante, adictivo etc… sí, pero… ¿y después?

Cuando la química se relaja, cuando los niveles hormonales vuelven a la normalidad y el amor se hace estable, qué sucede? ¿Seguimos dispuestos a vivir de pan y cebolla?

 

La respuesta es NO, porque si fuera sí… todos desnutridos oiga. Y entonces me viene a la mente un refrán “Cuando el hambre entra por la puerta, el amor se escapa por la ventana”.

Y la cosa es que ambos son ciertos, uno producto de las hormonas y el otro de cuando la cruda realidad se presenta más cruda de lo que somos capaces de soportar… sólo que ¿están los tiempos como para separarse verdad? Seguro que habréis pensado que como están las cosas, nadie se va por la ventana por mucho que se haya acabado el amor, porque tristemente, las parejas rotas no tienen posibilidad ni de separarse… Paradojas de la vida, precisamente por la falta del vil metal.

Y es que no da el dinero la felicidad, no hace falta que yo lo diga, pero definitivamente puede cambiar las cosas…

Por ejemplo. Cuando no hay dinero, nos vemos probablemente obligados a compartir espacios más pequeños, o a realizar tareas que no son de nuestro agrado (como las tareas típicamente hogareñas, especialmente si no se comparte la responsabilidad en la pareja). Nos ponemos nerviosos porque no llegamos a fin de mes, trabajamos más y llegamos agotados a casa, etc etc…porque si nos ponemos a pensar la lista es interminable…

 

Y a veces, no es que tu pareja sea “lo peor”, o que sea egoísta por no compartir las cargas contigo, o por hacer mucho ruido cuando necesitas concentrarte. Quizás no es una mala persona porque cuando discutís os decís cosas feas, quizás no es un vago porque no ha conseguido el dinero para las facturas. Quizás fue la suma de todos factores la que te hizo poner fin a tu relación o al menos desearlo.

 

Quizás y sólo quizás, es la acumulación de factores externos la que está haciendo mella entre vosotros. Porque a lo mejor, no quiso hacer ruido, pero vivís en tan escasas dimensiones que era imposible no hacerlo, o salió a buscar trabajo un millón de días seguidos pero no encontró la forma de conseguir el dinero necesario. Puede que se sienta tan deprimido y hundido que no supo sacar las fuerzas para arreglar la casa contigo, o aquella vez que discutisteis y que os dijisteis cosas tan tremendas, no las pensabais en realidad, puede que sólo el agotamiento y la frustrante sensación de no estar a la altura, habló por vosotros y como nadie os enseñó a superar situaciones tan difíciles, ahora, os veis ahí, con la batería agotada, sin fuerzas ni argumentos.

Quizás si hubieseis tenido un trabajo, quizás si las cosas no estuvieran tan cuesta arriba, si tuvieseis la posibilidad de compartir un espacio que os dejara la libertad de actuar sin molestar al otro, o si simplemente la vida (¿será casualidad que cuando escribí la palabra vida, word corrigió como visa?, mis dedos hablaron por mí, ¿o fue word que está ya programado para descubrir la palabra alternativa?) os permitiera disfrutar de las aficiones comunes en vez de pasar el tiempo obligatoriamente discutiendo sobre cómo salir de esta. Quizás y sólo quizás… vosotros desearíais estar juntos, aunque fuera sólo, a base de pan y cebolla.

Pero no os olvidéis de que “los ricos también lloran” y se pelean, y se preocupan, hasta se angustian y van al médico, o al psicólogo, o al terapeuta de pareja. Lo cual puede ser una solución, si los problemas no tienen realmente nada que ver con el amor….). Y pensareis que son preocupaciones absurdas, y que si tuvierais dinero no caeríais en esas trampas, pero sí, lo haríamos, todos, preocupación es preocupación, tengas como tengas el bolsillo, la angustia la viven igual ricos y pobres, los divorcios, las separaciones, las peleas, no entienden de dinero. De modo que piénsalo, quizás tu situación tiene aún solución, quizás sólo con la ayuda adecuada (es decir, una buena terapia y si el problema es el dinero, atent@s a los precios que seguro que os gastáis más en una noche de copas), quizás sólo necesitáis re-enfocaros, llamar a cada cosa por su nombre y dejar de culpar al “otro” por algo que es producto del estrés, de las malas rachas, de un mal momento, porque cuando el amor ha sido de verdad AMOR, ¡no hay crisis económica que lo rompa!

Te animo a compartir con nosotros tu experiencia en el espacio de los comentarios, recuerda que todo aquel que lea esto, aprenderá mucho más de tus vivencias personales que de cualquier cosa que yo misma pueda escribir.