Consumismo o Navidades, por que no es lo mismo… o sí?

 

Vi esta foto que encabeza hoy este escrito y fue la que me hizo pensar. Esta vez al revés de cómo suele pasar, la foto llega primero, la reflexión después. Como siempre es del genial Antonio Navarro Wijkmark, que es todo un poeta de la imagen… Como todas tiene título y me pareció perfecto para este post.

No se si os pasará lo mismo pero para mi es paisaje conocido eso de ver balcones repletos a estallar de trastos cuya única utilidad en la actualidad consiste en recoger el polvo creando un bonito hogar para diversos bichos de todo tipo.

Quien dice balcón dice trastero, garaje, cochera, desván, sótano, guardarropa, o rincón escondido de casa, dime tú cuál es el tuyo…Divinos almacenes indefinidos de todo aquello que en su momento, quizás no más lejos que las navidades pasadas, eran absolutamente imprescindibles. Esas cosas por las que te morías, que necesitabas con todas tus fuerzas, y que por eso pusiste en tu lista de reyes o a las que dedicaste esa parte de tu sueldo que quién sabe si no podías haber dedicado a algo que no acabase acumulando pelusas.

Quizás te lo compraste tú, o te lo regaló alguien, o quizás lo heredaste, o lo recogiste de algún lado, quizás incluso es algo que tiene dos mil años y no eres capaz de tirar, pero la realidad es que todas esas cosas acaban escondidas en algún lugar de tu vida, escondidas para no ver el desorden que crean, para que no rompan la armonía con la nueva decoración de tu hogar 2015 o simplemente porque no tienes ya donde meterlas, porque se te acabaron los lugares de almacenaje, o los metros cuadrados de tu casa son demasiado reducidos para tal acumulación. Pero al final ahí están y no eres capaz de desprenderte de ello.

Y para qué, digo yo? Como esas cajas que llevan siglos cerradas, llenas de cosas que no querías tirar y que ya ni recuerdas que están ahí, esas que un día echas de menos pero como no recuerdas su paradero, te compras una nueva o pasa a otra cosa mariposa y te vuelves a olvidar. Pero, porqué nos cuesta tanto deshacernos de las cosas y tan poco hacernos con ellas? Qué clase de virus acumulativo quasi-diógenes domina ese impulso irrefrenable que nos impide dedicarle ese segundo de más al tema, ese que hace falta para darte cuenta de que en realidad, esa cosa de la que hablamos no es en absoluto NECESARIA, ni tan tan importante como para dedicarle ese dinero que tanto tiempo y esfuerzo te cuesta ganar. Porqué tenemos tanta dificultad ante el desapego? O es que es más poderoso el caballero con consumo que nuestra capacidad de raciocinio?.

Y llegan las navidades amigas, fechas ideales para volver a adquirir futuros trastos de balcón, futuros acumuladeros de polvo que no constituirán ningún recuerdo, o uno muy liviano, sin casi importancia…Y luego nos quejamos de que no podemos viajar, de que la hipoteca nos ahoga, de que los libros de los niños son caros (que lo son, ojo..solo que casi inevitable comprarlos). Nos quejamos también de que gastamos mucho dinero en estas fechas, que la cuesta de enero, que la pesadilla de los reyes, sin embargo no hacemos nada por evitarlo, por tomar conciencia de cómo caemos reiteradamente en el mismo vicio creyendo que así nos hacemos felices o hacemos felices a los que más queremos…Pero es así? Es real? Cuando le regalas 25 cosas a tus hijos en la mañana de reyes, a cuantas de ellas presta atención? Y esta atención, cuánto tiempo les dura? Estás segura de que no existe otra forma de hacerles felices?

Yo me imagino un mundo en el que dedicamos nuestra vida a crear recuerdos, experiencias, compartir emociones en vez de cosas..Un mundo en el que priorizamos nuestro tiempo sobre nuestra cuenta bancaria, porque tiempo es lo único que quiero comprar con mi dinero, y lo único que no se puede comprar. Pero trabajo para vivir y no para comprar…Así que pago lo inevitable y vivo el resto, inventando situaciones en las que poder reír, hacer alguna foto con la misma cámara de hace unos 8 años (aunque seguro que tu teléfono tiene su propia cámara)…Y dándole a mi gente mi vida en vez de mis cosas…

Imagino un mundo en el que somos felices porque somos personas, cada uno la que es, siendo lo que somos y no lo que tenemos, porque no conozco ni he conocido ni creo que conozca nunca jamás a nadie que sea feliz por aquello que posee, más allá de los 10 minutos que dura el estreno…Ni lo quiero conocer ni me interesa su compañía, porque no me creo esa felicidad superficial que sólo se siente cuando puedes presumirle a alguien tu última adquisición… Tengo la consulta llena de gente que creía que ahí encontraría el camino, pero que acaba sonriendo cada mañana sólo cuando por fin aprendió que su balcón no necesitaba tantas cosas, sino quedarse libre para poder ver el paisaje.