Cómo convertir en constructivo lo que de por sí puede ser destructivo

 

 

Discutir es asombrosamente fácil a veces. Y discutir no es malo, de hecho es bastante normal, especialmente si hablamos de parejas o familias, más aún si conviven bajo el mismo techo.

¿Qué pasa? Pues que no hay dos gotas iguales en el mar, así como no hay 2 personas exactamente iguales, y que encajen perfectamente. Una pareja que no discute o que está perfectamente de acuerdo SIEMPRE en TODO, es un poco sospechosa, pues una de las 2 partes estará anulándose en alguna medida para evitar los conflictos, para asegurarse el amor de su pareja o por propia falta de seguridad en los propios argumentos…

 Discutir es sano, no pasa nada. Nos enseña a buscar acuerdos, a negociar, y al final a crecer, pues enfrentarnos a las dificultades es lo que nos hace evolucionar. Discutir es bueno, siempre que se haga de una forma adecuada, es decir, una forma que no acabe trayendo más conflictos, si no que proporciones soluciones, evolución. Pero no todos sabemos discutir, no existe esa asignatura en la escuela y desde luego tampoco en casa. Uno discute como le sale, como lo ha visto hacer o como le ha funcionado anteriormente, pero pocas son las familias en las que de manera consciente y premeditada, se enseña a los niños a discutir de la forma más sana, con suerte caemos en algún taller o nos cae a nosotros en las manos algún libro o material que nos enseñe. Pero no es lo normal, sin embargo, sería lo ideal, pues de discutir en la vida no se libra nadie, y esto que vamos a hablar a continuación es la diferencia entre ser víctimas de una mala pelea, o salir victoriosos de un buen conflicto.

¿Cómo podemos transformar una situación a priori negativa y difícil en algo constructivo y sano? Pues sigue leyendo

  • De entrada, cuando veas venir la tormenta, aléjate del foco de conflicto. Toma distancia, cámbiate de habitación, vete a dar un paseo, lo que sea. Pero alejaros del campo de visión y auditivo, no vale cambiar de habitación pero estar lanzando mensajitos desde el otro lado de la casa, la consigna es, aíslate hasta que baje la activación.
  • En lugar de gritarle a la cara lo que estás pensando, ponlo por escrito. Da igual de qué forma, no importa que sea un escrito desordenado, con groserías, lo importante es que te desahogues en el papel, seguro será mejor que en voz alta.
  • Respira. No puedes estar activada (nerviosa) y respirar despacito a la vez. La ansiedad y la respiración controlada son físicamente incompatibles. Así que a medida que respires, tu cuerpo se tiene que ir relajando. Si esto no sucede, no estás lo suficientemente concentrada en tu respiración. No vuelvas a ponerte frente a esa persona hasta que te sientas tranquila, hasta que no empieces a ver cómo podrías haber evitado tú el enfrentamiento y cuál es tu parte de responsabilidad en su origen.
  • Evita, como lo que tú más quieras, caer en reproches del pasado. Traer al presente conflictos antiguos, sólo aumentará el peso de la pelea, e impedirá o hará mucho más difícil la resolución del conflicto actual, el que sí está en el presente. No podemos cambiar el pasado, así que ¿para qué sacarlo de nuevo? Sé que es difícil, la tentación es grande, pero no es imposible, TÚ PUEDES, como todos podemos, mordernos la lengua, a menos que lo que quieras es hacer daño y perderte durante horas en un bucle sin fin.
  • Busca tu parte de responsabilidad en el conflicto. Porque sea el que sea, ambas partes se reparten la responsabilidad a partes iguales (o casi), así que antes de deshacerte en reproches, piensa cuáles podrían hacerte a ti.
  • Ahora, más calmada, revisa lo que escribiste y reflexiona si sigues queriendo decir lo mismo y de la misma forma o si cambiarías algo en tu discurso. Apuesto lo que quieras a que ya no dirías lo mismo.
  • Negocia. Después de haber pensado qué parte de responsabilidad te corresponde y qué puedes hacer tú para evitar el conflicto de nuevo, escribe en un papel, hasta qué punto podrías ceder en una negociación y qué necesitarías que la otra persona pusiera de su parte para llegar a un acuerdo. Pero recuerda que la otra parte también ofrecerá sus necesidades en esa negociación, así que ve con espíritu flexible. Esto lo conseguirás solamente si de veras tienes interés en resolver y seguir adelante, construyendo.
  • Si todo esto te es imposible. Si eres incapaz de controlar tus impulsos y caes una y otra vez en la misma pelea interminable, pueden estar pasando 2 cosas. Puede que necesites ayuda, analizar con más detenimiento tus circunstancias y tus recursos y afinar tus respuestas, entrenar en las habilidades que más necesites así como afianzar las herramientas más adecuadas.

Pero también puede que estés aguantando esa relación porque no sabes salir de ella, te atrapó la costumbre o el miedo al cambio. O que simplemente no te interese realmente mejorarla y sea el momento de plantearte una ruptura, que por muy dolorosa que sea, dará siempre lugar a momentos más felices.

Como siempre, la decisión es tuya, yo te ofrezco las herramientas, el resto, lo pones tú.